lunes, 13 de enero de 2014

Soy impuntual

Mi nombre es Casimiro y soy... impuntual.

Sí, no puedo evitarlo, me he vuelto un impuntual, yo que odiaba a los que llegaban tarde. Yo que solía llegar a los sitios con 10 minutos de antelación... aunque aún hay sitios a los que no me gusta llegar tarde: trabajo y citas. Pero por lo general, llego tarde siempre a todo.

Puedo pasar el día entero sin hacer absolutamente nada, porque aparentemente no tenía nada que hacer. Pues es llegar la hora de ir al sitio donde hayamos quedado y... me surgen mil cosas que hacer. Aparece algo en la tele super interesante, surge una conversación, alguien me llama,... cualquier cosa me sirve para enredarme. Otras veces, simplemente se me antoja darme una ducha de ultima hora, limpiar los zapatos, recoger ropa, hacer la cama,... no acabo de estar contento con mi peinado, me cambio de ropa, los zapatos,... No tengo remedio.

El colmo es cuando me planteo ser puntual y por H o por B, todo se tuerce para, finalmente terminar llegando tarde. Me preparo una hora antes, ya estoy aseado y vestido para marcharme. Lo tengo todo, móvil, llaves y cartera. Todo listo y aun me queda una hora para llegar. Miro por la ventana, el día está genial. Ok, todo perfecto. No encenderé la tele para evitar que algún programa me pueda ensimismar a ultima hora. Simplemente me sentaré a esperar que quede media hora y me marcharé tranquilamente hasta el sitio en cuestión. Puedo caminar día tras día hasta donde sea sin encontrarme a nadie... Bueno, pues ese día me encuentro a miles de conocidos que tienen un interés impresionante por contarme sus vidas en ese preciso instante... Vale, me enredado un poco, pero aún me quedan 15 minutos, aun puedo llegar. Continúo andando y ya por fin puedo vislumbrar el sitio en cuestión, miro el reloj y... !perfecto¡ he llegado con 8 minutos de antelación... !conseguido¡.

Por una vez en la vida he conseguido ser el que espere a la otra persona, estoy lleno de orgullo y pido un café para amenizar la espera. Tomo mi café tranquilamente, sin prisa, disfruto del premio de la puntualidad, pero... parece que la otra persona se retrasa, pasan 10 minutos de la hora acordada. De pronto suena el móvil. Miro la pantalla y es la otra persona, seguramente para decirme que le ha surgido algo y que llegará en solo un momento. Mi sorpresa viene a su pregunta: ¿dónde estas?. ¿Yo? aquí, esperando. Es imposible, porque aquí llevo yo desde menos 10; me responde el...

No puede ser, desde esa hora estoy yo y no le he visto... a no ser que... Espera, ¿aquí donde? le pregunto y quedo callado mientras escucho su respuesta. Le pido amablemente al camarero que me cobre el café y me marcho a toda ostia... Otra vez voy a llegar tarde, porque además de impuntual, soy despistado y habíamos quedado en otro sitio en la otra punta del pueblo.