jueves, 28 de noviembre de 2013

Inmediatamente

          Vivimos una vida tremendamente rápida... Aunque creo que esta afirmación no es del todo correcta. La vida es vida y tiene su curso, largo o corto, pero su velocidad no es calculable. Nosotros la hacemos rápida por diferentes razones. A veces asumimos responsabilidades a una edad muy temprana y eso nos hace sentir que hemos adelantando acontecimientos que deberían ser más tardíos si hubiésemos seguido el curso normal de la vida, de ahí la sensación de que la vida vaya rápido. 

          Es completamente normal. Hemos olvidado los pequeños placeres de la vida y nos hemos sumido en un torrente de prisa continua y estrés. Hemos perdido la espera y buscamos la inmediatez. La paciencia y la constancia se han convertido en características escasas y exclusivas a algunos individuos casi privilegiados por poseerlas. 

          Vivimos en una sociedad que vive al minuto. Las redes sociales, los SMS, el correo, whatssap,... Tenemos todo en nuestra mano, en nuestros smarthphones y recibimos las noticias en el momento preciso en el que se producen... Inmediatamente. 

          La inmediatez es buena en algunos sentidos,el problema  es que la hemos extrapolado a nuestra vida personal, cuando en realidad no debería ser así. Al igual que queremos conocer las noticias al instante y estar informados de todo lo que pasa a nuestro alrededor, queremos inmediatez en otras cosas de la vida que siempre han necesitado su tiempo y eso nos lleva a estados de ansiedad que en realidad no están justificados. Queremos curar nuestras enfermedades en el menor tiempo posible, queremos obtener el mejor físico en el acto ( y si puede ser, sin esfuerzo) y lo más grave, pretendemos conseguir una relación de forma inmediata.

          Pero ahí fallamos, una pareja, una relación de pareja, es algo que transcurre lentamente de forma paralela a el normal desarrollo de nuestra vida. Y digo paralela, porque creo que es como debe ser. Son dos líneas, la de nuestra vida y la de nuestra pareja, que como líneas paralelas que son, se cortan en el infinito, nunca antes. 

          Pero entra juego entonces esa prisa por adelantar acontecimientos, esa absurda inmediatez, la que hace que una de esas líneas gire por su centro, cruce y corte a la otra línea, para desde ahí comenzar a separarse la una de la otra por siempre. 

          Hay muchos refranes en nuestro rico y abundante refranero español, pero me quedare con este para finalizar: Vísteme despacio que tengo prisa.