domingo, 9 de junio de 2013

¡¡ Ay hija mía !!


Aún recuerdo el día en que alguien me puso en aviso de tu existencia, no podía creerlo e incluso tuve que mirarte varias veces para cerciorarme de que era cierto y que estabas ahí. Realmente siempre lo habías estado, pero me había negado a creer que eras mía y solo mía.

Al principio rehusé de ti, en incluso intenté esconderte, para que nadie mas supiese de tu existencia. Te compraba ropa que no te hiciese destacar sobre las demás e incluso dejé de salir para que nadie pudiese verte conmigo. Es duro reconocerlo, pero me avergonzaba de tenerte y no quería que nadie nos relacionase.

Pero con el tiempo, empecé a asimilar que eras mía y que no tenía porque ocultarte. En el fondo me has dado muchísimas alegrías y he disfrutado de una vida plena contigo. En realidad tu eres el reflejo de esa vida tan plena y llena de satisfacciones que he podido vivir. 

Dicen que no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes y temo que llegue ese momento, en el que me dé cuenta de lo que tuve y no valoré. Por ese motivo te escribo. La vida se está poniendo difícil y la situación del país nos está ahogando a todos. Estoy al límite y temo que llegue el día en el que no pueda alimentarte ni mantenerte, porque a partir de ese día comenzaré a perderte día a día y, aunque eres una carga para mí, me acostumbre a vivir contigo y si te pierdo... 

Te he visto nacer, y te he visto crecer día a día, pero si te pierdo... te hecharé de menos, barriga.