lunes, 26 de noviembre de 2012

Llegas tarde...

Ya llegas tarde. No son cinco minutos, son casi dos horas. El chico del restaurante comienza a mirarme mal, incluso se ha acercado a decirme que en breve cerraran. Esperaré un poco más, aunque una voz dentro de mí intenta convencerme de que no vendrás. No parecías decidida cuando me dijiste que aceptabas. Pero esperaré... al menos un poco mas.

Uf¡ ¡Justo cuando iba a levantarme!. Estás guapísima y me importan un bledo las excusas que sueltas por la boca, lo importante es que has venido. Tengo tanto que decirte que no me atrevo. La voz dentro de mí dice que no querías venir, que has venido por compromiso, por no dejarme tirado... Mi corazón intenta convencerme de que las razones son otras. Mi corazón esta a mil, mi boca se seca y mis manos sudan... Estás preciosa.

No sé qué decir. Quizás un te quiero te pueda parecer demasiado. Quizás un me gustas, te suene a poco. Terminemos de cenar y dejémonos llevar. Si surge ponerle un nombre a nuestros sentimientos, se lo pondremos.

Bueno, hemos llegado. Detengo el coche justo en la entrada de tu casa y me bajo para poder despedirme de ti. Mientras me hablas de lo bien que lo hemos pasado y lo mucho que necesitabas una noche de relax, yo no paro de pensar en besarte, de decirte lo mucho que he pensado todo este tiempo en ti y lo infinitamente feliz que me siento cuando estoy contigo.

No quedan mas cosas que decir. Alargar esto más sería un suplicio. Ha llegado el momento de despedirse. Un gran abrazo y el amargo sabor de lo que pudo ser y no fue, es toda nuestra despedida.

Un hasta pronto y ya nos veremos.