miércoles, 26 de septiembre de 2012

Invencible . 25/09/2012



He sentido miedo, he sentido mucho miedo. En mi cabeza se suceden imágenes vistas antes en algunos libros: Historia de la Guerra Civil, Grecia. En mi cabeza resuenan las numerosas historias que tantas y tantas veces me han contado mis mayores, mis abuelos... mi propio padre. Hoy he sentido miedo porque presiento que tendré que ver aquello que hasta ahora solo había imaginado.


Hoy he sentido pena, me he sentido profundamente triste. Hoy he llorado. Hoy he visto caras llenas de sangre, hoy he visto cuerpos ennegrecidos por los golpes. Hoy he visto lagrimas y sangre.


Hoy he puesto la televisión, he visto las noticias, he leído la prensa. El miedo y la pena se han transformado en rabia. La rabia más profunda, absoluta y agresiva que he sentido nunca. La rabia desatada por esa leve sonrisa que esboza la "señora" Saez de Santamaría cuando habla de la manifestación y de la "correcta e impoluta actuación policial".






 La rabia que desata el ministro del interior al justificar la actuación policial porque "no podía permitirse semejante agresión al orden constitucional".


 La rabia que desata Gallardón, calificando la actuación policial como "absolutamente adecuada".


 La rabia que desatan la absurda discusión que se llevaba a cabo en el congreso sobre si tenía la culpa de la situación económica tal o cual partido.


 La rabia que desatan las sonrisas de todos y cada uno de los políticos que se reunían de pleno en el congreso, mientras en los alrededores las calles se llenaban de sangre.


 La rabia que desata verles sentados ahí, sin importarles lo mas absoluto lo que sucedía en el exterior.


Hoy he sentido impotencia y miedo, pero he recordado que no voy a dejar que me venzan. He recordado a William Ernest y su "Invictus". He recordado que soy el dueño de mi destino, el capitán de mi alma.



En la noche que me envuelve
negra como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado,
jamás me he postrado.
Mas allá de este lugar de ira y llantos,
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante la amenza de los años me haya,
y me hayará, sin temor.
Ya no importa cuan recto haya seguido el camino
ni cuantos castigos lleve a la espalda.
Soy el amo de mi destino.
Soy el capitan de mi alma.