domingo, 19 de agosto de 2012

El silencio y sus variantes


Hablemos de ese calcetín solitario que lleva en nuestro cajón de la ropa interior casi toda la vida… No va, en serio.

Hay quien dice que el silencio absoluto no existe, entendiendo por silencio la ausencia de sonido. Por muy en silencio que estemos, siempre estamos oyendo algo. Es como intentar dejar la mente en blanco, si lo intentas hacer, no puedes… únicamente estas pensando: “dejar la mente en blanco, dejar la mente en blanco”. Con el silencio pasa un poco igual, por muy en silencio que estés, hay órganos dentro de nosotros que están produciendo constantes y rítmicos ruidos. El principal, el corazón.

Hay quien puede pensar que en la noche habita el silencio, pero siempre hay algo que lo rompe. El susurrar del viento, el crujir de las ramas de un árbol, un coche que pasa, una ventana que se cierra, una puerta que se abre,… Durante la noche hay menos ruido, pero creo que el silencio absoluto no existe. Tendríamos que fabricarlo de manera completamente artificial.

Sin embargo, después de todo lo dicho, hay momentos en los que como por arte de magia se produce el silencio más absoluto… y se utiliza para describirlo, la frase: “Ha pasado un ángel”. Ese momento puede darse en el lugar más ruidoso del mundo: un circuito de carreras, una discotecas, una fabrica recicladora de vidrio,… pero tendremos la sensación del silencio más absoluto que podamos experimentar. Un ejemplo seria cuando te presentan a alguien que no conocías y de golpe y porrazo, os encontráis solos y sin nada de lo que hablar. Y si para colmo se ha producido un flechazo… el silencio parece aun más absoluto.

Soy amante de la música y la radio, y personalmente no me gusta el silencio. Me incomoda, me produce nerviosismo e incluso, alguna vez que otra, miedo. Pero hay algo del silencio que me gusta. El silencio a veces nos habla. A mí la otra noche me hablo el silencio y me dijo que la besara, pero no me atreví.