lunes, 26 de marzo de 2012

Por fin llegó la lluvia...

Aunque hacía bastante que no me pasaba, hoy se ha vuelto a levantar el polvo de la nostalgia en mi cabeza. Por muchos motivos en general y por ninguno en particular; pero el más fuerte: la lluvia. Aunque no la he recordado directamente, he recordado momentos, fotos que decidí perder en un esfuerzo sobrehumano por intentar borrar, por intentar hacer cosas que son imposibles de hacer… porque por muchas cosas que destruyas, por muchas fotos y cartas que quemes, por mucho que cambies tu forma de vivir… siempre existirá algo, que despierte ese recuerdo, esa nostalgia que dibuja una sonrisa en tu rostro.
A veces te sorprendes sonriendo por algo que no entiendes como te puede hacer feliz después de todo, pero he comprendido que esa sonrisa, no es una sonrisa del presente… esa sonrisa, es la sonrisa de ese pasado que ahora recuerdas, la sonrisa de la nostalgia. También he comprendido que los recuerdos no son fotos, cartas, una prenda de vestir, una cama,… no tienen por qué ser cosas tan cotidianas. La lluvia, te recuerda esa tarde tonta, ese estreno de cámara nueva, esas fotos… y llegas a donde no querías llegar o a donde creías que no llegarías más, llegas a la nostalgia. La nieve, el viento frio que te hiela la cara y recuerdas esa nariz fría que se apoya en tu mejilla, mientras unos cálidos labios te dan un sonoro beso. Los juegos, los juegos de dos niños, dos hermanos que juegan a pelearse encima de una cama y que terminan extasiados por la felicidad. Un olor, ese guiso que de pequeño odiabas y que hoy devoras con ansiosa gula; esa colonia que usaba la persona a la que hace tanto que no ves…
Los recuerdos son más que una foto, un momento, una pulsera o cualquier otro tipo de objeto cotidiano. Los recuerdos son una memoria cariñosa de la niñez, una persona querida, un juego, una situación,… los recuerdos son la nostalgia del tiempo pasado.